The Adversiter Chronicle

lunes, 23 de diciembre de 2013

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre



Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: Industria e Imperio – Una historia económica de Gran Bretaña desde 1750
Autor: Eric J. Hobsbawm
Editorial: Editorial Ariel S. A.
Traducción: Gonzalo Pontón
Edición: 3ª edición, septiembre 1988

¡Miremos por última vez la granja que nos vio crecer, los aperos y el corral que hay una nueva industria en la ciudad y necesitan mano de obra!

Comienzo tan grandilocuentemente porque el libro que traemos hoy nos permitirá contemplar como la aplicación de la máquina de vapor a la industria y a una nueva tecnología llamada ferrocarril, convertirá a una isla en el mayor imperio colonial de la tierra, al nacimiento de una nueva clase social con todas sus consecuencias posteriores como es la clase obrera, la aplicación del liberalismo en toda su extensión y magnitud y como Inglaterra se convierte en la fábrica del mundo y vivirá su apogeo mientras sus futuros competidores mejoran y perfeccionan la tecnología...

Eric J. Hobswam nació el 9 de junio de 1917 y falleció en 2012. Se crió en Viena y Berlín, sus padres eran de etnia y religión judías pero no practicantes en lo religioso, no así en lo cultural y social.
En 1933 la familia se traslada a vivir en Londres. Profesor en la Universidad de Londres, Stanford y Academia Británica, se retiró en 1982 siendo uno de los más importantes historiadores británicos, hablaba inglés, alemán, francés, español, portugués y catalán siendo Doctor Honoris Causa por la Universidad de Gerona en 2008.

Si os interesa saber más acerca del autor tenéis amplia información y documentos en Internet.

De lectura ágil y ritmo acompasado, no es un libro que se haga farragoso y el talento del autor para engarzar hechos, fechas y actos resulta en una lectura apasionante que os enganchará desde las primeras páginas...
Pero mejor os dejo unos breves pasajes...

Gran Bretaña en 1750...
Lo que ve el observador contemporáneo no es necesariamente la verdad, pero, a veces, el historiador suele olvidarlo peligrosamente. Gran Bretaña -o mejor, Inglaterra- era en el siglo XVIII un país muy observado y, si nos proponemos averiguar qué sucedió en él desde la Revolución industrial, bien podemos comenzar tratando de observarlo con los ojos de sus numerosos y estudiosos visitantes extranjeros, siempre ansiosos de aprender, generalmente ávidos de admirar y con el tiempo suficiente y necesario para prestar atención al ambiente. El viajero que hacia 1750 llegaba a Dover o Harwich después de una travesía arriesgada y con frecuencia muy larga (digamos que más de treinta horas desde Holanda) obraría con acierto al elegir para pasar la noche una de las caras, pero notablemente cómodas, posadas inglesas que siempre habían de impresionarle muy favorablemente. Al día siguiente debería viajar quizás unos 80 kilómetros en calesa y tras descansar otra noche en Rochester o Chelmsford entraría en Londres hacia el mediodía siguiente. Desde luego viajar en estas condiciones requería disponer de tiempo libre.
La alternativa del pobre -caminar o utilizar la navegación de cabotaje- era más barata y más lenta, o más barata pero de resultados impredecibles. Algunos años más tarde los nuevos coches correo, más rápidos, podían llevarlo de Londres a Portsmouth entre la mañana y el atardecer, o desde Londres a Edimburgo en sesenta y dos horas, pero en 1750 el viaje requería aún de diez a doce días.”


El origen de la Revolución industrial...
Sin embargo, la revolución industrial no puede explicarse sólo en términos puramente británicos, ya que Inglaterra formaba parte de una economía más amplia, que podemos llamar `economía europea´ o `economía mundial de los estados marítimos europeos´. Formaba parte de una red más extensa de relaciones económicas que incluía varias zonas `avanzadas´, algunas de las cuales eran también zonas de potencial industrialización o que aspiraban a ella, áreas de `economía dependiente´, así como economías extranjeras marginales no relacionadas sustancialmente con Europa. Estas economías dependientes consistían, en parte, en colonias formales (como parte de Europa oriental).

El mundo `avanzado´ estaba ligado al dependiente por una cierta división de la actividad económica: de una parte una zona relativamente urbanizada, de otra zonas que producían y exportaban abundantes productos agrícolas o materias primas. Estas relaciones pueden describirse como un sistema de intercambios -de comercio, de pagos internacionales, de transferencias de capitales, de migraciones, etc-. Desde hacía varios siglos, la `economía europea´había dado claras muestras de expansión y desarrollo dinámico, aunque también había experimentado notables retrocesos o desvíos económicos, especialmente entre los siglos XIV al XV y XVII.”

Gran Bretaña en la economía mundial...
En términos generales, sólo durante un periodo histórico relativamente breve, los sectores desarrollado y subdesarrollado del mundo tuvieron idéntico interés en actuar de acuerdo con la economía británica y no en contra de ella, tal vez porque no tuvieron elección: las décadas que separan la abolición de las leyes de cereales en 1846 y el estallido de la `gran depresión´en 1873. Muchas zonas desarrolladas no tenían a nadie a quien vender excepto Gran Bretaña, única economía moderna. Los países adelantados estaban
entrando en un periodo de rápida industrialización, y sus demandas de importaciones, especialmente de capital y de productos básicos eran virtualmente ilimitadas. A los países que no se preocupaban de entablar relaciones con el mundo adelantado (es decir, fundamentalmente con Gran Bretaña) se les obligaba a hacerlo con flotillas y marinos, como sucedió con los últimos países `cerrados´ del mundo, China y Japón, forzados por estos medios, entre 1840 y 1860, a sostener intercambios sin restricciones con las economías modernas.”


El gobierno y la economía...
"La actitud característica de los gobiernos británicos y de otros países frente a la economía antes de la revolución industrial, era intervenir en ella. Esa es también la actitud casi universal de los gobiernos de hoy. Pero entre estas dos épocas, que representan lo que puede conocerse como la norma de la historia, y de la razón, hubo un periodo en el que la actitud fundamental del gobierno y de los economistas fue la opuesta: cuanto menos tuvieran que intervenir en la economía, tanto mejor.
En términos generales esta época de abstencionismo coincidió con el surgimiento, triunfo y dominio de la Gran Bretaña industrial. Esa actitud era singularmente adecuada para la situación británica y tal vez para la de otros dos o tres países. La historia de la política y teorías económicas del gobierno desde la Revolución industrial es, esencialmente, la del florecimiento y declive del `laisseç-faire´.”

La sociedad británica desde 1914...
"El techo de las aspiraciones de la clase media era vivir con modesto desahogo. En la jerarquizada sociedad británica la aristocracia terrateniente estaba completamente fuera de su alcance, y ni siquiera los millones de la plutocracia tentaban a las respetables clases medias. En la época eduardiana, un romántico ocasional como el tío Ponderevo de H. G. Wells, o un ocasional seminarista como John Buchan, podían soñar con atizarle a la olla de la riqueza y del prestigio social con el palo de los negocios o de las actividades profesionales -principalmente la abogacía- y desde luego muchísimos jóvenes emprendedores de las colonias soñaban con hacer dinero para hacerse dueños de Londres.”

Libro ideal para amantes de la historia, dementes de la histeria por la crisis y el paro así como guardias hospitalarias y de lectura de mesita antes de dormir. A la suegra es inútil regalárselo porque pensará que es novela histórica de las malas ya que no aparecen heroínas y habría que explicarle que hasta hace dos bufidos la historia la escribían los hombres...
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV

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