The Adversiter Chronicle

sábado, 7 de septiembre de 2019

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: Salvador Allende
Autor: Jesús Manuel Martínez
Editorial: Ediciones Nobel, S. A.
Edición: Abril de 2009

Hay ocasiones en que el lector se acerca con precaución a la figura protagonista del libro debido a prejuicios inducidos o simplemente porque la historia así lo cuenta. Es el caso de la figura política de Salvador Allende donde su última defensa de la legalidad constitucional y de la democracia mientras era bombardeado el Palacio de La Moneda forma parte de la iconografía colectiva pero enmarcado dentro de la Guerra Fría en la variante de las dictaduras auspiciadas por EEUU en contraposición a las guerrillas y frentes populares apoyadas por la URSS. Así, siempre dio la impresión de que el presidente Allende iba a instaurar un sistema comunista y la única salvación era la dictadura posterior del general golpista Augusto Pinochet...

Sin embargo, lejos de una apología del Frente Popular en Chile o justificaciones de lo que era inevitable, la propuesta de hoy es un ensayo premiado en 2009 donde el autor nos invita sin darnos cuenta a una crónica política del Chile de comienzos del siglo XX y donde la figura política de Salvador Allende se proyecta, con distintas vicisitudes, como figura indispensable de la democracia en Chile y que era ejemplo la misma para otros países. Una historia apasionante donde vemos el Chile social que evoluciona a la par que el siglo y donde quizás Allende pecó de ingenuo al no calibrar en su justa medida los derroteros de la izquierda a tesis revolucionarias donde Cuba era el referente. Se nos aparece un Allende que invita a profundizar en su biografía ya que el autor logra con su estilo ágil, ameno y realista que veamos claramente diferenciada la Historia escrita por los vencedores y la realidad política de Chile.

Jesús Manuel Martínez (España 1942) dirigió durante el gobierno de Allende la productora estatal Chile Films, que presidía el cineasta Miguel Littín, y participó en los órganos de dirección de Editorial Quimantú. Fue también militante del MAPU, uno de los partidos de la coalición allendista. Conoció por ello al presidente Allende y a gran parte de las personas y personalidades que figuran en los últimos capítulos del libro. Licenciado en Filosofía (París 1962) y Teología (Roma y Sâo Paulo, 1967), profesor y jefe de departamento en la Universidad Católica de Chile, fue presidente y miembro del consejo rector de la Universidad. Tras el golpe de 1973 pudo salir del país con su familia auxiliado por la Iglesia Católica y por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, bajo la protección de la embajada española. En España trabajó en empresas periodísticas y editoriales y en 1988 se trasladó a Bruselas, donde ha sido traductor principal de la Comisión Europea y jefe del departamento de español.
Datos sacados de la contraportada y actualizados al año de edición, pero pasemos a unas breves reseñas que os inciten a su apasionante lectura:

Valparaíso...
En 1908 Valparaíso es aún el puerto por donde la modernidad entra en Chile (el deporte, el baño, la puntualidad, el cemento, el telégrafo y la prensa, como enumera el porteño Joaquín Edwars Bello, y se olvida del cinematógrafo). Ciudad de vitalidad exuberante, tropical si no fuera por el azote sombrío de sus inviernos, se rehace a duras penas del violento terremoto que la había sacudido dos años antes. Todavía no se abre el canal de Panamá y, aunque los ferrocarriles que cruzan el istmo y el norte del continente le han quitado ya gran parte del tráfico de viajeros y mercancías entre el Atlántico y el Pacífico, sigue siendo la esperanza de los marinos que doblan el cabo de Hornos para ponerse en la oreja el pendiente que acredita la travesía, y el último respiro de los que se aprestan a zarpar rumbo a esos mares. Vicente Huidobro les dedicaban esta despedida:
  • Buen viaje, un poco más lejos termina la Tierra.
Por aquí pasaron, y acrecentaron la leyenda, Francis Drake, Charles Darwin, Pierre Loti, Flora Tristán. Los grandes de la literatura de aventuras no necesitaron tocar puerto para reclamar el fulgor de su nombre: Herman Melville, Julio Verne, Jack London, Edgar Rice Borroughs.”

Mama Rosa...
El cuadro familiar se completa con la presencia de doña Zoila Rosa Ovalle, la Mama Rosa, una joven campesina de Lampa que había entrado al servicio de la familia a los 20 años de edad, obligada a dejar atrás a una niña que había tenido de soltera. La Mama Rosa cuidó de Allende durante sus primeros años (`mi señora me había dicho que cuidara de él como si fuera mío, y así lo hice´), se ocupó de él cuando estudiaba Medicina en Santiago y, faltando doña Laura Gossens, lo acompañó con honores en la inauguración del mandato presidencial en 1970. Aunque la figura de la mama era tradicional entre las clases acomodadas, en este caso la relación alcanzó tal grado de afectividad que Allende no se recataba de afirmar en público que tenía `dos madres´.”

Allende estudiante...
Allende vivía en Santiago la vida precaria y libre del estudiante de provincias. Provinciano era por más que arribara del Valparaíso de los ingleses y de la Valdivia de los alemanes a una capital que Joaquín Edwards Bello denostaba todavía en 1920 como `baluarte colonial, clerical y reaccionario´, `capital amodorrada, catedrática y apática´, y a la que había tenido que llegar la locomotora desde Puerto para `despertar la Alameda apacible y franciscana, con sus acequias de pueblo´. Santiago era todavía `una ciudad hispanoamericana pura, cerrada a la inmigración internacional´. Provinciano, Allende llegaba con una mirada más nacional, y al mismo tiempo mucho más cosmopolita que la inmensa mayoría de los santiaguinos. Son años difíciles de resumir porque Allende empieza ya a multiplicarse y para seguirlo no hay más remedio que seriar y separar vidas que podrían colmar biografías menos ambiciosas, pero que él fue capaz de gestionar de forma simultánea gracias a su apetito inmenso y, por cierto, a su salud de hierro: vida libre de estudiante, vida rigurosa de médico en ciernes, vida azarosa de dirigente universitario y de aprendiz de político.”

Desterrado a Caldera...
Sin más delito que sus cargos en el partido, Allende fue espiado, arrestado y por último, sin que mediara proceso alguno, en virtud de las facultades extraordinarias otorgadas al gobierno, fue relegadoi a Caldera, 800 kilómetros al norte deValparaíso. Este destierro situaba a salvador Allende en un grado de peligrosidad medio, insuficiente para relegaciones mayores, insulares, como las que a lo largo de su vida sufrió, por ejemplo, Elías Lafertte: isla de Más Afuera en el archipiélago de Robinson Crusoe, isla de Pascua, isla de Chiloé, isla Mocha. Caldera era un puerto mineralero conocido en Chile porque en 1850 había inaugurado el primer ferrocarril de América del Sur. Antes había sido refugio de piratas ingleses, después fue un puerto importante, ahora era un poblado de pescadores y mineros. `En Caldera, escribe Fernando Alegría, pega un sol ancho y alto sobre paredes y techos de calamina; confundido con el polvo este sol a veces se cubre de un tono rojizo y huele a cobre´, y la calle que es el pueblo `ha perdido su nombre y las puertas se han olvidado de sus números´. Allende penó sus seis meses haciendo lo que sabía: atender a los enfermos, organizar a los socialistas y hablar de asuntos masónicos con el capitán del puesto, además de rehacer el mundo cada tarde con el juez, el maestro, el boticario y el director del liceo. En la escuela del pueblo improvisó una enfermería donde, también sin sorpresa, vacunó a toda la población y enseñó a las mujeres los rudimentos de la salud materno-infantil. Y una sala del liceo la convirtió en sede de la agrupación socialista local. El capitán hacía la vista gorda y tranquilizaba a la opinión pública a través de la prensa nacional:
  • El doctor Allende rinde servicios médicos que la población de Caldera agradece como un gesto de gran patriotismo. Nadie anda soliviantando a nadie aquí.”
Un candidato viable para optar a la presidencia de Chile...
A principios de la década de los 50 y bien instalado él en la cuarentena, Allende poseía los resortes personales que hacían viable una carrera presidencial: experiencia de gobierno, posiciones propias, ideas contrastadas, fortaleza física, capacidad de trabajo, ambición, tesón. Reunía además dos características que no suelen darse juntas, el orgullo y la vanidad, muy útiles para quien se expone a este permanente y microscópico escrutinio público: el orgullo para menospreciar los ataques, la vanidad para disfrutar de los halagos. Su lado más liviano, esa capacidad que tenía de reírse de sí mismo en compañía de los íntimos y a veces incluso en público, era una buena protección ante los fracasos, que iban a ser muchos y algunos muy duros.”

Ideología socialcristiana...
En la izquierda nadie midió mejor que Allende la fuerza de esta ola. La vio venir de lejos, cuando apenas agitaba las aguas estancadas del conservadurismo. Se interesó por el nuevo pensamiento social católico sin equivocarse de fuente, pues utilizó como referencia el mismo documento seminal de la Iglesia belga que usaban los jesuitas, el Código Social de malinas, publicado en 1920 por el cardenal Mercier. En el debate sobre la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, en 1948, siguió con especial atención el discurso del senador Cruz Coke, el primer político conservador que abrazó la ideología socialcristiana y se opuso en su virtud a proscribir a los comunistas, y reconoció que ese discurso reflejaba `una posición definitiva y absoluta´. Su intuición política, pronto avalada por los hechos, le dijo que la intransigencia conservadora y la nueva doctrina no cabían en un mismo partido, y se apresuró a saludar la incorporación de los socialcristianos a las luchas sociales."

Cuarta candidatura presidencial de Salvador Allende...
Lo más novedoso de la cuarta candidatura presidencial de Allende es que esta vez disponía de recursos económicos propios gracias a las habilidades comerciales de Puccio y a sus negocios de importación y exportación con Polonia, Cuba y otros países del bloque socialista. Allende quedó traumatizado por la pobreza a la que atribuyó su fracaso en 1958 y desde entonces no dejó pasar ninguna oportunidad de aprovechar sus contactos políticos en el exterior para allegar recursos. Al Che Guevara, por ejemplo, logró exasperarlo en la época en que era el patrón de la economía cubana. El único recado conocido del Che a Allende no tiene nada que ver con la lucha imperialista, sino con un negocio que un emisario de Allende llevó hasta el despacho que tenía el Che en el Banco Central:
  • Dígale a Allende que si quiere plata que me la pida, pero que deje de joderme con las exportaciones de ajos.
(…) Lo que apenas se supo es que en esta campaña flaqueó el recurso fundamental de Allende, la fortaleza de atleta que escondía bajo sus trajes de fina raya diplomática. Un día del mes de julio, caminando por el centro de Santiago, le faltó el aire, se apoyó en un kiosko de prensa, disimuló ante los paseantes que lo saludaban, se recetó algo en una farmacia y corrió a casa a cuidar una gripe declarada que en realidad era un accidente cardíaco. Pocos días después grababa, vigilado por su cardiólogo pero sin otro sobresalto, una importante entrevista televisiva de más de una hora.”

Allende presidente...
En el palacio de La Moneda lo secundaba una minúscula secretaría formada por Miria Contreras, Tati Allende y Patricia Espejo, y un pequeño grupo de estudios encabezado por el sociólogo Claudio Jimeno. En un plano más formal, estaba atendido por tres edecanes en representación de los tres ejércitos; con los dos que lo acompañaron más tiempo, el edecán aéreo Roberto Sánchez y el edecán naval Arturo Araya, llegó a crear vínculos profundos de lealtad y afecto. Estaba también Osvaldo Puccio, quien al término de la campaña electoral había decidido apartarse para rehacer su economía y atender a su familia, y al que fue enredando con su viejo sistema (`ir encargando cosas poco a poco para mantenerlo a uno a su lado´) hasta lograr su propósito:
  • Aquí, todas las cosas buenas las habré hecho yo, todas las que estén mal, usted. Necesito una persona de mi absoluta confianza, que abra mi correspondencia, que revise mis bolsillos, que firme por mi encargo. El sueldo no es malo, es pésimo, pero eso es una cosa que vamos a arreglar los dos, hambre no va a pasar. No se olvide que vamos a nacionalizar el cobre, el hierro, los bancos, que vamos a hacer la reforma agraria y redistribuir la renta del país. Vamos a tener enemigos hasta en los cajones de los escritorios.
Nada más cierto. Podía haber dicho hasta en la cocina, o en la lavandería, ya que el servicio de palacio estaba a cargo de personal de la Armada y era en la marina donde la conspiración civil tenía más y mejores terminales militares. La `salita del Doctor´, donde dormía sus 10 minutos de siesta (`y después partía para otra jornada completa de trabajo´, se admiraba Patricia Espejo) y se encerraba para las conversaciones más delicadas, era, se suponía, el único recinto a salvo de micrófonos y escuchas.”

Los preludios del golpe militar...
En la noche del 26 de julio, un comando provisto de metralletas y explosivos facilitados por elementos vinculados a la Armada recibió la orden de efectuar disparos y detonar bombas en torno al domicilio del comandante Araya. Cuando éste salió al balcón alarmado por el estruendo, miembros del comando le dispararon cinco tiros, que sirvieron para cubrir el balazo certero de un francotirador apostado al otro lado de la calle. Dos oficiales de inteligencia conjurados se apresuraron a recorrer las comisarías de santiago y eligieron como culpable a un pobre electricista detenido por ebriedad, portador de un carné del Partido Radical que cambiaron por otro falso, del Partido Socialista. Sometido a tortura, le dictaron una confesión que implicaba a su célula socialista, a tres cubanos y al jefe de la escolta de Allende, y en la que declaraba haberse entregado temiendo por su vida. Sobre esta base se montó durante semanas una tormenta mediática en la que participaron parlamentarios del Partido Nacional y el presidente de la Cámara de los Diputados, alimentada por la publicidad de los interrogatorios a la escolta del presidente y el allanamiento de un avión de la compañía Cubana de Aviación. Al cabo de una semana, como ocurriera tras el asesinato de Schneider, la policía de Investigaciones identificó y detuvo a los autores del crimen, pero esta vez el aparato mediático no falló como en 1970: blindó el relato y siguió acusando a la izquierda y al gobierno, hasta el punto de confundir a personas muy próximas al comandante asesinado. La policía no se había equivocado: los detenidos fueron juzgados y condenados años más tarde por la justicia naval a penas de prisión que no cumplieron, sino que fueron recompensados con indultos y nombramientos.”

Biografía del Salvador Allende político que es también una crónica de la democracia parlamentaria y la historia política de Chile. Lectura que no dejará contentos a sus detractores e insatisfecho a sus defensores aunque para el lector del siglo XXI sirva para desterrar esa imagen de un Chile dictatorial y pinochetista de donde surge una apasionante historia de la democracia chilena, los cambios sociales, las vicisitudes de la Guerra Fría amén de ser una buena introducción para conocer y saber un poco de Salvador Allende, cuya última broma a sus detractores sea que aparece despojado de los ropajes diabólicos de representante del comunismo revolucionario que vendió el capitalismo para que las imágenes del bombardeo al Palacio de la Moneda sean símbolo del autoritarismo, sin ideologías, matando a la democracia. Ideal para lectura reposada en vacaciones, estancias hospitalarias, amantes de la Historia y sus entretelas así como conocer un poco de la apasionante historia de Chile en el siglo XX.
Muy recomendable en estos tiempos de nacionalismos, neofascismo y neocomunismo atacando la democracia.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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