The Adversiter Chronicle

sábado, 9 de febrero de 2019

"Manual del Buen Comer", por el profesor T. A. Rambaina


Con la colaboración del profesor T. A. Rambaina
en exclusiva para The Adversiter Chronicle

El pincho gratis del bar

En el universo gastronómico mundial es famosa España por sus tapas donde cada región y comunidad autónoma presume de sus propias variantes y especialidades, pero la tapa no deja de ser un pincho de pago y donde cada vez más priva la sofisticación y la presentación. Pero es el pincho gratuito que se sirve a la clientela en los bares el alimento auténtico por dos poderosas razones para el bolsillo y la profesionalidad del establecimiento: es gratis y a voluntad de la casa en cuanto a ingredientes y presentación...


-¿Es el pincho gratis del bar un alimento completo?

-¡Es comida gratis y eso siempre deja satisfecho! El pincho gratis del bar es una tradición y toda una cultura. Tiene su origen en los finales de turno donde el establecimiento ofrecía con la pinta de vino una rodajita de pan acompañada de una pequeña porción de tortilla o chorizo. Una variante norteña que aún perdura en locales es la variante con una rodajita de tomate y una sardina. Existe una etiqueta tanto por parte del establecimiento como por parte del cliente donde el camarero en cada ronda pasaba la bandeja ofreciendo el pincho y el cliente respetaba los tiempos aunque desde hace unas décadas la muchachada de instituto se ha especializado en gorronear de la bandeja y siguen con ese hábito de adultos lo que hace que en la actualidad son contadas las regiones de España que siguen la tradición ante el roto económico que supone una clientela ávida de garrapiñar todo pincho gratis a su alcance. En vez de apelar a las buenas costumbres el gremio en su mayoría ha preferido crear la tapa que no es más que un pincho triple y de pago.

-¿Hay más variantes del pincho gratis del bar?

-Por supuesto, hay toda una cultura entre la ciudadanía jubilada, estudiantil opositora, tele operadoras y funcionariado de bajo escalafón que tienen controlados los establecimientos, un grupo de consumidores y consumidoras de pinchos gratis que son además inmisericordes si el establecimiento baja la cantidad y variedad del pincho gratis donde no dudan un segundo en cambiar de establecimiento. Son incontables los casos de cambio de gerencia en el establecimiento y una parroquia fiel que busca otros pastos más abundantes arruinando la inversión en lo que era un negocio boyante con clientela fiel. Pero respondiendo a su pregunta, la variante que triunfa es donde cada quince o veinte minutos salen bandejas con pinchos, un arte el del pincho infravalorado y eclipsado por el fenómeno de las tapas.

-Es curioso que podemos hacerlo en casa y sin embargo un pincho gratis de jamoncito, tortilla o chorizo sabe mejor...

-Es un proceso mental que es distinto en el macho alfa que en las féminas. Éstas saben con una fugaz mirada si el pincho es comestible y consumible mientras que el macho alfa responde cual perro condicionado al hueso de comida gratis y sin tener después que fregar los platos, es decir, un pincho que agrade a la parroquia masculina no necesariamente agrada a las parientas, pero el buern hostelero sabe combinar pinchos para unos y otras. Hacerlo en casa logra que nos sintamos patéticos y ni siquiera es popular su elaboración para francachelas en casa, es mucho más reconfortante controlar donde ponen buenos y abundantes pinchos gratis y de paso que pague el cuñado u la suegra. El pincho gratis del bar nos hace ser felices, categoría de parroquiano fiel, de llevar a las amistades y conocidas para quedar como un cosmopolita que sabe donde comer gratis de paso que se toma un vino, por citar un ejemplo ilustrativo. El pincho gratis debe ser elevado a la categoría que se merece tanto como fenómeno gastronómico tradicional como por su valor social y étnico. Si además sirve el pincho una camarera de buen ver, se añade un componente erótico festivo.

-¡Pues vamos, que el bar de la esquina saca a esta hora los pinchos!
 
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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