The Adversiter Chronicle

martes, 13 de marzo de 2012

"Ajedrez", por el profesor Rufus Cjësswick


Ajedrez: el rey

Los seguidores de esta sección se habrán percatado ya de que a diferencia de anteriores capítulos esta vez no añado un atributo a la pieza.

El rey es la filosofía del ajedrez: protegerle a toda costa y matar al rey contrario, darle jaque mate…

Y es que el ajedrez es el juego de mesa más agresivo, simple en sus normas y desarrollo pero harto complicado no sucumbir ante el más mínimo fallo. El rey pasa por ser la pieza más torpe del tablero donde su poca capacidad de avance se ve recompensada por su capacidad de maniobra sólo igualada por la pieza reina. Es el rey quien condiciona nuestro juego, tratando primero de defenderle y luego pasar al ataque para romper las defensas del rey contrario.

Al igual que en la mafia, un rey no puede matar a otro rey, el juego inexorablemente termina en tablas. Es por ello que nunca debemos avanzar el rey más allá de la tercera fila ya que lo exponemos en demasía dada su poca capacidad de maniobra citada anteriormente y condiciona todo nuestro raciocinio haciendo que el contrario se apodere de terreno a la vez que nos fulmina entre dos y tres piezas dejando en nuestra psique de jugador de ajedrez una desoladora sensación al ver como el contrario nos hace trizas…

 Es necesario ver al rey como parte de la estrategia. Hay jugadores que no se preocupan en demasía y otros que sí se preocupan en demasía. Tener claro como queremos defender nuestra real pieza nos proporcionará seguridad amén de tranquilidad para poder dedicarnos a cómo matar al rey contrario.

La pieza del rey tiene el privilegio del enroque, es decir, hacerle saltar varias casillas y cambiar con la torre su posición, que según sea la torre puede ser de mayor o menor distancia. Recordar que como buenos generales que sois en la partida con vuestras piezas, tener una mínima reserva que acompañe al rey cual guardia de corps en al menos los primeros desarrollos de la partida, puede ser un alfil, cuya rapidez de movimientos le permites asestar certeras puñaladas en las piezas contrarias y regresar a su posición de escolta. Dejar estos menesteres de protección, por así decirlo,  a un caballo nos da más radio de acción aunque lo mejor es combinar a ambos en la defensa de la pieza del rey.

Yo os recomiendo que tratéis de exponer lo menos posible los dos peones de ambos extremos, lanzarlos a la batalla y perderlos deja nuestras alas al descubierto y es muy fácil para un jugador avezado realizar auténticos escarnios en nuestra defensa arrasando torre y caballo obligándonos a enrocar y, una vez más, condicionar nuestro juego.
Pero os aseguro que hay algo de majestad en ver al rey avanzando con su escolta por el tablero una vez que el contrario se encuentra a nuestra merced aunque a veces esta sensación de triunfo no es plena ya que llevados por ella y cegándonos en nuestro raciocinio puede hacernos meter la pata y que el contrario encuentre una esperanza de cuando menos hacer tablas.

Porque recordar siempre que la partida no termina hasta que uno de los reyes está en jaque mate.

 Una vez terminados los capítulos dedicados a un somero repaso a las distintas piezas, dedicaremos la siguiente entrega a lo que denomino la geometría del ajedrez.

Puesto que esta sección está dedicada a que el ajedrez guste, en las partidas de enfrentamiento haremos uso del simulador “Ultra Chess” que viene instalado de serie en el SO “Windows 7” que nos servirá de contrario y donde podremos apreciar una vez empecemos las partidas, como el ordenador es impotente cuando utilizamos bien este arte geométrico.

Tampoco utilizaré la nomenclatura habitual, para el jugador que desea iniciarse y tras vencer el miedo innato que hace creer al común de los mortales que el ajedrez requiere ser un cerebrito, es necesario que las partidas resulten dinámicas de visualizar.

Porque esta sección no busca sentar cátedras sobre el deporte del ajedrez, buscamos que el ajedrez sea atractivo.
Y es el juego más atractivo del mundo porque no hay sensación más placentera que vencer, derrotar y humillar al contrario.
Pero también porque el ajedrez es la gimnasia de nuestra mente y es más difícil aprender a manejar una “Black Berry” que saber echar una partidita contra el ordenador…


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