The Adversiter Chronicle

sábado, 21 de julio de 2012

"Del derecho pero al revés", por P. Gargajo Bilioso


Una sección de Palomino Gargajo Bilioso en exclusiva para The Adversiter Chronicle


Deporte: una apuesta acertada de la Corona

Es un buen momento ahora que la UE se ve con las vergüenzas al aire de hacer de matón de la banca del sistema y se dedica a hostigarnos mientras nos acosa la navaja del capital que empuñan los mismos que llevaron a esta crisis de falta de liquidez económica a nivel de naciones, que eso y no otra cosa ha ocurrido, y que es de esas circunstancias cíclicas que se dan en España cuando parece que nos quedamos solos y en vez de buscar una salida común, ahora debe ser comunitaria pero Europa da la impresión de que nunca aprende de sus continuadas guerras civiles desde el siglo XVI, nos dedicamos a hostiarnos como bien plasmó Goya.

Así que ahora que parece tambalearse ese edificio llamado España es lógico que el monarca se vea cuestionado, aunque nada más normal y sintomático de la misma que el Rey se vea acuciado por los mismos problemas que sus compatriotas y algunos súbditos, subliminados o en contra: un familiar casado con su hija “chorizo” y merma de poder adquisitivo por citar dos ejemplos.

Por otra parte, en un ejercicio de cinismo y que demuestra que en épocas de crisis económicas hasta los más prudentes se convierten en buscadores de fortuna, resulta que WWF le ha arrebatado el título de presidente de honor al monarca. Ejercicio cínico y ejemplo de puñalada trapera típica Spanische  cuando el Rey lleva años cazando en Europa del este y territorios de la  antigua URSS sin que nadie se quejara de los osos, pero allá WWF con sus gestos de cara a la galería que seguro aplaudirán  casi todos pero casi ninguno contribuirá económicamente. Conociendo el carácter que caracteriza a Juan Carlos I es de suponer que a lo largo de su presidencia honorífica de la asociación conservacionista le haya hecho gestiones que de otra forma no podrían ser.

El Rey es la marca publicitaria de España y reprochar ahora donde desarrolla su representación pública y privada es meramente una traición. Juan manzanas puede y tiene el derecho a poner a parir al Rey cuando se le ven las vergüenzas, pero que quienes se benefician de por dónde y con quién las pasea sólo es un ejercicio de hipocresía y arrimarse al ascua que más calienta.
Es el momento pues de decir también los claros de un reinado que pasará a la historia como la de la democratización e integración de España en Europa, de sutura de las herida gangrenada de la Guerra Civil y un desarrollo de la sociedad y la ciudadanía española a todos los niveles.

Y El ojo púbico quiere mostrar una de las formas que tuvo el inteligente Juan Carlos I de galvanizar esta ciudadanía patria cuyo comportamiento psicológico como entidad etnográfica raya a veces en el cretinismo endogámico y las peloteras con la suegra y los yernos a los postres de una cena navideña: el deporte.

 Tradicionalmente en la historia del deporte, tras la celebración de la primera olimpiada de la era moderna, hemos tenido mala suerte histórica: pocos aristócratas al principio que la practicaran siguiendo el ejemplo de sus correligionarios europeos, una sociedad que vio en el 36 cortado de raíz cualquier esperanza de progreso y luego utilizado por la dictadura para entretener a sus apoyos fascistas y como propaganda del régimen de Franco para metaforizar los escasos logros deportivos que se conseguían casi siempre a título individual con historias de penurias disimuladas con destrezas magistrales de los deportistas a nivel individual en sus respectivas especialidades: Nieto, Santana, Ochoa y tantos y tan pocos otros y otras…

A la muerte del dictador, el deporte base era un concepto más que una realidad pero el joven Rey tuvo claro que los éxitos deportivos serían una amalgama para la sociedad española que podría limar las llagas de la sangrienta contienda, no por espíritu patrio sino porque a todos nos gusta ganar.

No nos cabe duda de que el Mundial del 82 fue su primera gran apuesta, pero paradojas de la vida y de su reinado, han tenido que pasar casi 30 años para que el fútbol hiciera el trabajo de unirnos a todos en el sentimiento de victoria y aplastando tabús que unas minorías nos trataron y tratan de imponer a la inmensa mayoría.
Su otra apuesta fue el apoyo decidido a las olimpiadas de Barcelona, cierre de un macabro círculo que se abrió con la suspensión de las previstas en 1936 que finalmente se celebraron en Berlín para loa del nazismo, el mismo que apoyaba a los renegados militares en la península…

 La puesta y el apoyo al deporte base y unos deportistas que crecían como tales al ritmo del crecimiento de la sociedad, pronto nos hicieron ver los deportes como algo donde éramos dignos de participar, luego competitivos y finalmente ganadores.

Una bandera española izada en un podio con el himno de fondo, hace el trabajo de unión y sentimiento que ha tratado de ser utilizado como propaganda por todo tipo de dictaduras y regímenes revolucionarios a los largo del siglo XX.

Que hoy nos paseemos ufanos y grandones por el mundo del deporte y sus podios, se lo debemos en gran medida a Juan Carlos I.

Lo que ofende es ver a periodistas, políticos y vividores ampararse en la verdad los primeros, aprovecharse los segundos e insultar los terceros.

Los periodistas saben que la actividades deportivas de la Casa Real fuera de su ámbito doméstico son el escaparate de encuentros, negociaciones y tratados en la sombra aprovechando el ambiente distendido que no se da en despachos, reuniones de ministros y embajadas. El deporte regio ha de enmarcarse en ese contexto y que forma parte del lenguaje diplomático.

La clase política que brama ante un micro de los pecados del monarca y su familia como practicantes privilegiados, son los mismos que no dudan en recurrir a Juan Carlos I fuera de altavoces y masas furibundas que se agarran a banderas porque no hay otros asideros en la crisis que nos sumerge.

Por último, gentes del mundo televisivo que no están aptas la mayoría para ni para hacerse cargo de una comunidad de vecinos en una vivienda unifamiliar se presentan y hablan con el estandarte de que son la voz de la calle



Todos envejecemos y todas las cosas tienen un principio y un final, incluso el Rey.

El futuro siempre es cambiante pero el derecho a reclamar un republicanismo como forma de articulación estatal, no es un derecho que otorgue el de la difamación y el linchamiento de la Casa Real.

Hacen falta reformas estructurales de la economía mundial, europea y española, pero no se harán buscando cabezas de turco para que la plebe les linche.

No es culpa de la sociedad, es culpa este espíritu linchante en nuestra sociedad española de quienes robaron y ahora utilizan sus grupos de mass media para hacer cortinas de humo que nos entretengan en cazar sospechosos mientras los culpables nos fustigan a no tener piedad y buscar soluciones a la agonía de un sistema que sólo busca su propio interés y cobrarnos los mismos a la ciudadanía.

Mientras seamos “cortitos” inducidos por el sistema, España y Europa no saldrán de la crisis y todos los esfuerzos serán estériles.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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