The Adversiter Chronicle

viernes, 30 de septiembre de 2011

"Butaca de patíbulo", suplemento cinematográfico cutre

Suplemento cinematográfico cutre de The Adversiter Chronicle

Avatar

Hubo un tiempo en que el cine se alimentaba para sus guiones de la literatura. Después se pasó a tratar de mostrar y narrar la realidad, como “El nacimiento de una nación” o “Sin novedad en el frente”, ésta última aunando literatura y realidad...

Pero a medida que se formaba el sistema hoolywoodense y las generaciones dejaban paso a otras, se instauró el sistema de volver a realizar guiones ya escritos, lo cual permitía visionar una buena historia en color. Posteriormente los avispados productores se dieron cuenta de que aunar géneros aumentaba la posibilidad de los guiones: “Blade Runner” convertida en un clásico de ciencia ficción que en realidad es “cine negro” aunando de nuevo el futuro con la realidad de las novelas policíacas; destacar el remake de “Atmósfera Cero” donde una peli del Oeste se traslada al espacio...

Los ejemplos son infinitos casi y seguro que se os ocurren con un mínimo ejercicio de memoria cinematográfica. Por supuesto no hay nada que objetar a tal método, utilizado en las seis restantes artes, salvo que la nueva versión no supere la original o que chirríe la mezcla de géneros. Es en estos casos cuando el espectador se siente estafado. Actualmente abundan los ejemplos de remakes que con más medios e incluso más estrellas del celuloíde acaban rodando auténticos bodrios infumables donde cantan los efectos por ordenador, los actores y actrices sólo hacen muecas y cagan una buena historia por la incapacidad del director de darle espíritu a la película.

Porque el arte de un director a la hora de realizar un remake es la elección de si hacer una copia mejorada del original o contar la misma historia del original bajo el prisma del director y saber en ambos casos hacer bien su trabajo.

Y en ese sentido, James Cameron es maestro de ambos sistemas.

Lo anterior viene a cuento de que hoy traemos a “Butaca de patíbulo” la película “Avatar”, de reciente estreno, “reciente” para quienes como este humilde mercenario free-lance no puede permitirse gastar un aurelio en ese artículo de lujo en que han convertido ir al cine, porque entre entrada, chuches, las jodidas gafas y el típico atracón de comida mierdosa en el centro comercial correspondiente donde se ubican las salas, llegas a casa con un agujero en tus finanzas que no lo resuelve ni el Banco Central Europeo interviniendo en un plan de rescate para equilibrar el presupuesto.
Y después de visionar “Avatar” no me arrepiento de suprimir la partida presupuestaria asignada a ir al cine: es una auténtica puta mierda.

Y antes de que su legión de fans me ensarten flechas avatarísticas, permitan que argumente mi opinión, bite.

Tenía ganas de verla porque James Cameron tiene el beneficio de la duda, pero dejando aparte que los efectos especiales son excelentes para el desarrollo actual, yo pensé que iba a ver una película de ciencia ficción y me encuentro con un vídeo juego que ha mezclado géneros tan dispares como el cine bélico, películas de náufragos que descubren que las razas distintas no son superiores ni inferiores al descubrir sus valores de vida y que su destrucción no puede ser abandonada sin lucha, todo ello aderezado de mensaje ecologista consumible con el mito de Gaia donde un planeta forma un sistema interconectado con los seres vivos que lo habitan...

Cameron es el tahur de siempre que realiza fantásticas producciones pero cuya forma de narrar necesita de la complicidad del espectador, y la mía se pierde cuando tras la fascinación de ver a la Sigourney “Riply” Weaver me encuentro ante un bombardeo de saturación de imágenes sintéticas, un planeta habitable y habitado por una raza de aliens que recuerda a los niños y adolescentes de “Mad Max 3”, fauna de genes reptilianos y la magia de “El señor de los anillos” de fácil digestión basada en el ancestral culto al árbol. Le ponemos una base terrícola dotada de mercenarios y unas naves impresionantes de asalto incluyendo exoesqueleto artillado con un comandante militar malo malísimo de cojones, cojones de marines, claro está.

Y es que posiblemente para los adolescentes, adultos jóvenes menores de la Transición y adultos y puretas fumados, la historia de “Avatar” les resulte fascinante y grandiosa en su mensaje, lo malo es que todo lo contado ya había sido contado por otros.
El empalagoso envoltorio ecologista no puede ocultar el hedor de historias añejas: hombre blanco que por circunstancias se integra en la cultura considerada sacrificable y esclavizable, estética militarista y que no debemos talar el amazonas...


Me ha supuesto una pequeña decepción aunque no inesperada porque hoy en día prima el efecto digital sobre la historia. “Avatar” es un éxito porque James cameron aúna ambas cosas con oficio y maestría de productor, pero aparte de un buen espectáculo visual, y el cine es espectáculo, estoy seguro de que James Cameron sabe que ha vuelto a estafarnos una vez más.

¡Hasta la historia de amor rememora a “Titanic”, redios!

En fin, si queréis pasar dos horas ausentes de la rutina, ver “Avatar”, pero no pasa de ser un buen producto cinematográfico sin más trascendencia pero que no merece pasar por taquilla para verla salvo que seas uno de esos de rentas susceptibles de imposición gravosa por ser asquerosamente pudientes en estos tiempos de crisis recesiva o recesión crítica...
Y puedas permitirte perder tiempo y dinero.


The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.


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