The Adversiter Chronicle

jueves, 2 de marzo de 2017

La Infanta Cristina absuelta: análisis


Con la colaboración de Palomino Gargajo Bilioso
en exclusiva para The Adversiter Chronicle

La Infanta Cristina absuelta: análisis

Finalmente la Infanta Cristina se limitará a pagar y es absuelta ante el pasmo de la ciudadanía que contempla la sentencia como un trato de favor por ser quien es. La ciudadanía parece clamar justicia de verdad y los analistas de los mass media se dividen entre quienes ven un error de juicio y entre quienes ven un claro favoritismo...


-¿Es justo que la Infanta sea absuelta, Palomino, ein?

-Tenemos un sistema judicial con unos profesionales de la misma como son jueces y fiscales, responsables de reunir pruebas los segundos y juzgar los primeros. Por otra parte aún queda recorrido antes de una sentencia definitiva una vez culminen los procesos de recurso. Si confiamos en el sistema, si otorgamos el poder de juzgar a quienes se suponen preparados pues resulta algo absurdo cargar las tintas contra la posible influencia por pertenecer la Infanta a la familia real. Será que las leyes no están bien legisladas para determinados casos de corrupción donde las penas no son acordes a los hechos, pero se han seguido los pasos judiciales, se ha juzgado y se ha sentenciado como marca la Ley. O confiamos en el sistema judicial o no confiamos pero no podemos la ciudadanía juzgar el sistema judicial porque las sentencias no son acordes a lo que esperamos, no sería una Justicia ciega si hiciéramos tal cosa.

- Vayamos por partes, ¿la Infanta no sabía nada de las actividades ilícitas de su esposo?

- Eso ha quedado demostrado en el juicio, digo demostrado porque eso dice la sentencia. Cuesta creerlo, cuesta creer que una Infanta que hemos visto crecer o que ha crecido a la par que nosotros, con carrera universitaria, un empleo ejecutivo, una mujer en definitiva de hoy, cuesta creer que en su intimidad hogareña se limitara al rol de madre y esposa. Cuesta creer que la Infanta cuando disfrutaba de la vida gracias a los ingresos fraudulentos de su cónyuge no se preguntara o preguntara a su marido de dónde salía todo ese parné. ¿Estamos ante una mujer que por clase social se mantuvo de mansedumbre económica en la vida conyugal? ¿Estamos ante un matrimonio a la antigua usanza donde el marido no daba explicaciones o consultaba a su mujer los temas económicos? Cuesta creerlo, cuesta.

-¿De qué es culpable en realidad la Infanta?

-De consentir que su esposo se aprovechara de estar casado con una Infanta de España y ella tenía de motu propio haber velado porque nada empañara o salpicara a su familia y a su padre que es decir al reinado de Juan Carlos I. Podemos acusarla de dejadez de funciones, de pasar de todo y no ser consciente que como Infanta y como mujer debería haber hecho preguntas. En condiciones normales su marido estaría como mucho de profesor de gimnasia en un centro del Opus Dei, nunca estuvo preparado para la función que supuestamente ejercía y se limitó a ir de la mano de su socio porque su estatus de yerno del Rey le abría puertas. Se puede estar de acuerdo o no en la sentencia pero debemos preguntarnos si los verdaderos culpables se están yendo de rositas y no debatir tanto una sentencia que aún no ha terminado su proceso judicial.

-¿A quiénes se refiere?

-A los responsables políticos de que un zangolotino y su socio fueran recibidos, aceptadas sus propuestas y pagar las mismas cuando todo era una, nunca mejor dicho, una soberana mierda. Es el mismo caso salvando las distancias del pequeño Nicolás: para que el esposo de la Infanta y su socio pudieran perpetrar sus chanchullos chorizando caudales públicos es porque los responsables últimos de gestionar los mismos pasaban olímpicamente de averiguar la veracidad de las propuestas porque no querían ofender a alguien. Esto el esposo de la Infanta lo hizo conscientemente y la duda es si ella sospechó alguna vez o se preguntó al menos si estaba siendo utilizada, cuesta creer que no y es la causa última de la duda de si fue juzgada como el común de los ciudadanos mortales. Pero es tan culpable como los políticos y políticas que prefirieron cerrar los ojos a confirmar, a comprobar, a poner en duda como debe hacerse en estos negocios cuando se plantean a las instituciones públicas. Los chorizos aunque sean de guante blanco o aristocráticos siempre precisan de una clase política que no ejerce sus funciones de velar por el dinero de todos y todas.

-¿Por qué nos ofende tanto la sentencia?

-Hay un poco de todo, unos para atacar la monarquía o más bien el sistema monárquico pero derivado de las tesis, sobre todo, que ven la Transición como un error y prolongación del franquismo; están las tesis republicanas que ven una diferente justicia para con la monarquía... En ambos casos se olvida que ya no es una monarquía por derecho divino, fue la sociedad civil quien eligió este formato. Tenemos un proceso judicial donde los mass media siguieron, analizaron, buscaron e inducen a emitir sentencias populares sin juicio que luego la clase política trata de aprovechar. Pero la mayor decepción creo que viene por el motivo apuntado anteriormente, la vimos crecer, prepararse, enamorarse y vivir una vida que no era verdad, nos sentimos defraudados hacia ella como persona y como Infanta. Es de esperar que algún día la Infanta se sincere públicamente y cuente la realidad de un día a día donde cuesta creer que no hiciera algo aunque sólo fuera por curiosidad. Si es verdad su mansedumbre como esposa y no su imagen de mujer moderna en una sociedad moderna estamos ante el drama de una persona que ha vivido una falsa vida.

-Para finalizar, ¿daños colaterales?

-Primero su padre, luego la institución y por último ella misma. El reinado de D. Juan Carlos I ha sido un reinado de prosperidad y paz social que hizo frente a los rescoldos del franquismo, el terrorismo de ETA, la integración en la Unión Europea y desarrollo a la par de nuestro papel geopolítico. El asunto de su hija y su yerno aceleró el proceso de análisis de la figura humana que suele hacerse cuando el interesado ya está difunto. A la institución por cuanto obliga a ser mejor cuando ya se era. Pero simplemente hemos visto ser juzgada a una persona que representa unos valores que parece que empezamos a recuperar como son dignidad, majestad y a la sociedad en que se desenvuelve sin menoscabo de su linaje. No es una victoria o una derrota que la Infanta haya pasado por los tribunales y haya sido absuelta, es un caso judicial donde se han realizado todas las garantías procesales y de imparcialidad, toda la imparcialidad que puede tener la Justicia. Hay que analizar los hechos, detectar las fallas para que se produjera el timo y confiar en el sistema judicial, lo de la Infanta y los interrogantes sólo puede contestarlos ella y lo demás son conjeturas fuera de los hechos juzgados pero vitales para entender qué paso porque el cómo y cuándo ya lo sabemos.


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